Este artículo fue escrito por Diana Martin (MiningWatch Canada) y Jan Morrill (Earthworks).
Mientras el mundo conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente 2026, la atención global se centra cada vez más en la necesidad urgente de tomar medidas contra el cambio climático y la protección del medio ambiente. El tema de este año, “Inspirado por la Naturaleza. Por el Clima. Por Nuestro Futuro,” destaca que la acción climática no solo consiste en reducir las emisiones de carbono, sino también en replantear los sistemas que moldean las economías, las industrias y la relación entre las personas y el planeta.
En República Dominicana, la creciente crisis medioambiental alrededor del embalse de Hatillo, en Cotuí, se ha convertido en un claro ejemplo de estos retos. Hoy, las comunidades hacen de nuevo un llamado sobre la reciente contaminación del agua y exigen medidas de remediación y una mayor protección medioambiental. Su mensaje es claro: proteger el embalse de Hatillo no es solo una prioridad ecológica, sino una necesidad social y económica.
Las comunidades dan la voz de alarma
Considerado el embalse de agua dulce más grande de República Dominicana y el Caribe, el Hatillo es vital para la agricultura, los ecosistemas y el suministro de agua a las comunidades situadas aguas abajo. Sin embargo, décadas de acumulación de sedimentos y la falta de un mantenimiento adecuado han contribuido al deterioro ambiental, aumentando los riesgos para la salud pública y los medios de vida locales.
Se han identificado múltiples fuentes posibles de contaminación, entre ellas descargas agrícolas y actividades industriales. Hay tres minas en operación situadas dentro de la cuenca hidrográfica que desemboca en el embalse. El Comité Nuevo Renacer (CNR), que representa a cinco comunidades afectadas —La Cerca, La Piñita, Las Lagunas, Jobo Claro y Jurungo— ha abogado por el reasentamiento lejos de las actividades mineras y sostiene que las múltiples fuentes potenciales de contaminación y sus impactos ambientales asociados evidencian serias deficiencias en la gestión medioambiental de la zona.
Los análisis revelan graves riesgos
La preocupación ciudadana se intensificó en diciembre de 2025, cuando los residentes de las comunidades situadas alrededor del embalse comenzaron a difundir alarmantes fotos y vídeos en las redes sociales que mostraban que el agua había adquirido un color verde brillante. Ante la situación, el Ministerio de Medio Ambiente llevó a cabo análisis del agua y emitió un comunicado en el que atribuyo el cambio de color del agua a una proliferación de algas.
Posteriormente, los estudios microbiológicos realizados entre diciembre de 2025 y enero de 2026 por el Instituto de Microbiología y Parasitología (IMPA) de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), junto con los análisis del Laboratorio Franja, revelaron hallazgos alarmantes. Los resultados, difundidos públicamente por la periodista Nairobi Viloria en el programa “Te lo explico” y posteriormente diseminados por Diario Libre, identificaron altas concentraciones de bacterias asociadas a la contaminación fecal, lo que indica graves riesgos sanitarios.
Los estudios también detectaron especies de Microcystis, un tipo de bacteria relacionada con la proliferación excesiva de algas que provoca la depleción de oxígeno y puede producir toxinas perjudiciales para la salud humana, el ganado y la vida acuática. Además, se identificaron otros tipos de microalgas que indican aguas ricas en nutrientes, altas cargas orgánicas y desequilibrio ecológico. En conjunto, estos hallazgos sugieren un deterioro ambiental progresivo en el embalse. También se registraron niveles elevados de nitrógeno y fósforo, lo que contribuye a la proliferación de algas nocivas.
También hay metales pesados
Un análisis del Laboratorio Franja reveló concentraciones elevadas de metales pesados y sustancias tóxicas, entre ellas níquel, cromo total, manganeso, sulfatos y cianuro, algunas de las cuales superan los límites de seguridad establecidos. Estos resultados apuntan a múltiples fuentes de contaminación, que podrían incluir actividades mineras, descargas industriales, escorrentías agrícolas y residuos urbanos.
Particularmente preocupante son los niveles de níquel, que alcanzan hasta 1.613 mg/L, muy por encima del límite permisible de 0,1 mg/L para aguas superficiales destinadas a sustentar la vida acuática. Un artículo de 2025 publicado en Environmental Science and Pollution Research también reportó niveles elevados de cobre, arsénico, antimonio, aluminio, cobalto y zinc en el embalse de Hatillo.
Tras revisar los resultados analizados por el Laboratorio Franja, la Asociación Dominicana de Ingenieros Químicos publicó un informe de 20 páginas en el que manifestó su profunda preocupación por los resultados de la calidad del agua y recomendó mantener un monitoreo permanente, incluyendo estudios sobre los sedimentos acumulados en el fondo del embalse y una revisión de la clasificación de la calidad del recurso hídrico.
Por su parte, la Academia de Ciencias de la República Dominicana emitió una declaración pública instando a las autoridades a tomar medidas inmediatas. Según la declaración, la coloración verdosa observada en el embalse podría responder a una combinación de factores, entre ellos el uso intensivo de fertilizantes y agroquímicos, la afluencia de materia orgánica, la reducción de los niveles de agua durante períodos prolongados de sequía y posibles descargas provenientes de operaciones mineras cercanas.
Las comunidades responden a la contaminación
Más allá de las pruebas científicas, la situación ambiental de Hatillo ha generado una fuerte respuesta ciudadana. Los residentes de Cotuí se han movilizado para exigir medidas inmediatas, manifestando su preocupación por la posible toxicidad del embalse y su impacto en la salud, los medios de vida y el medio ambiente.
En marzo de 2026, los miembros de la comunidad participaron en vigilias nocturnas en el parque principal, que culminaron en una gran marcha popular el 20 de marzo. Meses después, las comunidades continúan exigiendo justicia ambiental y medidas urgentes para proteger y restaurar el embalse de Hatillo, una fuente estratégica de agua dulce para las generaciones presentes y futuras.
Foto: El agua del Embalse de Hatillo sigue con un color verdoso seis meses después de la primera proliferación de algas. Crédito: Ramón Ventura